Parafilias: ¿Perversión o variedad?

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“¡Oh tiempos! ¡oh costumbres!”
– Marco Tulio Cicerón

Dicen que cada cabeza es un mundo y cada persona es diferente, lo que hace difícil de entender el concepto de normalidad. La normalidad es un término estadístico que se refiere a lo aceptado por la mayoría, con base en los valores, cultura y conductas que adopta la sociedad como aceptables, sin perder nuestro sentido de individualidad.

En el ámbito sexual también existen diferentes maneras de expresar la sexualidad, por lo que se conocen conductas consideradas “normales” y por supuesto “anormales”, las cuales han sido llamadas desviaciones, perversiones o vicios a lo largo del tiempo.

En 1903 el sexólogo croata Friedrich S. Krauss acuña el término “parafilia” (proveniente del griego y que significa “al margen del amor”) para describir “un embellecimiento sexual-erótico alternativo a la norma ideológica”, dicho término se ha mantenido hasta la actualidad en los manuales diagnósticos de los trastornos mentales para referirse a “un interés sexual atípico”, haciendo alusión precisamente a la libertad individual para expresar nuestra sexualidad de una manera libre.

A partir de este concepto (y de igual manera que con las fobias) se han generado cientos de definiciones para describir una atracción sexual específica, siendo las más comunes el fetichismo, el travestismo, el sadomasoquismo, la hipersexualidad (antes llamada satiriasis en el hombre y ninfomanía en la mujer) y el voyeurismo/exhibicionismo por citar algunos ejemplos.

Sin embargo existen cientos de ejemplos más que identifican atracciones sexuales poco conocidas como por ejemplo la ipsofilia (excitación sexual al ver la imagen de uno mismo, ya sea fotográfica, cinematográfica o incluso mental), la dismorfofilia (excitación sexual al ver o interactuar con personas con deformaciones físicas), la latrunodia (excitación sexual al desnudarse ante el médico), la clastomanía (excitación sexual al romper la ropa de la pareja y/o destruir objetos) o la antolagnia (excitación sexual al oler flores).

Todas estas conductas pueden considerarse como preferencias sexuales saludables siempre y cuando la fuente del placer primario continúe siendo el acto sexual y no dependa necesariamente de estos elementos para que el acto sexual sea considerado satisfactorio.

Existen también parafilias que son potencialmente peligrosas al involucrar lesiones a uno mismo o terceras personas, al relacionarse con relaciones sexuales no consensuales o a prácticas sexuales de alto riesgo, por ejemplo algunas conocidas como la pedofilia y la necrofilia, y otras poco comunes como la crematofilia (excitación sexual al quemarse o pensar en quemarse), hibristofilia (excitación al saber que la pareja ha cometido un crimen violento) o la erotofonofilia (excitación sexual mediante la fantasía o el acto de asesinar a la pareja).

Por este motivo los manuales psiquiátricos actuales hacen una distinción clara entre lo que es la diversidad sexual y lo que actualmente se define como “trastorno parafílico”, haciendo referencia a:

  1. Cualquier condición en la que la excitación y gratificación sexual dependan directamente del objeto o circunstancia en cuestión.
  2. Que el deseo sexual atípico ocasione malestar a la persona que lo tiene.
  3.  Que los actos en cuestión involucren a terceros que no consientan los mismos, o no estén en condiciones de consentirlos.

Podemos concluir que una preferencia sexual no debe ser considerada como perversión siempre y cuando sea posible disfrutar una vida sexual plena en ausencia de estos. La imaginación humana no tiene límites, y al hablar del sexo, las posibilidades son casi infinitas.

Y a ti ¿qué te gusta?

 

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